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martes, 9 de junio de 2015

"El árbol de los recuerdos"


El árbol de los recuerdos
Britta Teckentrup 
NubeOcho Ediciones y Pepa Montano Editora

+4 años 

Había una vez un zorro que vivía con muchos animales en el bosque.

Zorro había tenido una vida larga y feliz, pero ahora estaba cansado.

Muy lentamente, se dirigió a su lugar favorito en el claro del bosque. Miró a su alrededor, observó su querido bosque una última vez y se tumbó.

Zorro cerró los ojos,

                                 respiró profundamente
                                                                       y se quedó dormido

                                                                                                     para siempre.


Un cuento que empieza con palabras que podrían parecer un final.
Sin embargo es a partir de aquí que tiene comienzo una conmovedora historia sobre la muerte, un cuento que celebra la vida y el papel que juegan los recuerdos en la superación de la fase de duelo.

La muerte de Zorro, tras una vida larga y feliz, entristece a sus amigos que al principio no consiguen encontrar palabras para expresar su dolor.
Pero, todos reunidos en el claro del bosque, el que era su lugar favorito, empiezan a recordar los muchos momentos entrañables pasados juntos, todo lo que habían vivido y compartido.
Poco a poco en las caras tristes de los amigos de Zorro empiezan a dibujarse las primeras sonrisas, alimentadas por los buenos recuerdos.
Y esos pensamientos positivos hacen brotar en medio al bosque nevado un árbol que va creciendo a medida que van recordando. 


Pasaron días, semanas y meses, y los animales seguían recordando muchas historias sobre Zorro.

Sus apenados corazones comenzaban a sentirse mejor.

Cuanto más recordaban, más crecía el árbol, y más y más grande y hermoso se hacía, hasta que se convirtió en el árbol más alto del bosque.

Un árbol hecho de recuerdos y de amor.
Ese árbol, lleno de vida, da cobijo a los animales, los ayuda en los momentos en los cuales más emocionalmente débiles se encuentran.
A pesar de que Zorro ya no se encuentre físicamente entre ellos, nadie podrá privarles de los recuerdos y de todo lo que han compartido.

Y así, Zorro vivió en sus corazones para siempre.


A los adultos nos cuesta mucho hablar de la muerte y si tenemos que hacerlo con un niño, más aún si cabe. Para nosotros el tema de la muerte se ha convertido en tabú y demasiadas veces nos escondemos detrás de respuestas confusas y damos muchos rodeos por no tener que hablar de ello claramente.
Pero los niños se hacen preguntas y, si viven de cerca la triste experiencia de la departida de un ser querido, necesitan que contestemos a sus preguntas. Además, en consideración de la fragilidad de su sentir y del cariño que les tenemos, se merecen la más respetuosa de las respuestas posibles.


No es fácil aceptar la finitud de la vida y desde siempre el ser humano ha buscado consuelo en distintas interpretaciones (religiosas, culturales, filosóficas) para superar el dolor que ese pensamiento nos provoca.
La muerte es un hecho natural y como tal hay que aceptarlo e intentar sobrellevar de la mejor manera posible la separación forzosa de nuestros seres queridos. 

Esta es la idea principal de este cuento que afronta el tema con mucho tacto y delicadeza. Una metáfora que ofrece un dulce consuelo a los que viven esa experiencia. Las palabras y los textos de Britta Teckentrup se entrelazan a formar una confortable manta de consuelo que ayudará a los pequeños a aceptar el inevitable desarrollo del ciclo de la vida. 

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